jueves, 18 de agosto de 2016

SÁENZ PEÑA: "LA MISERICORDIA EXIGE ENTREGA Y SACRIFICIO", AFIRMÓ MONSEÑOR BARBARO

El obispo de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña, monseñor Hugo Barbaro, presidió este martes la misa central en honor de San Roque, patrono de la diócesis, en la que exhortó a “salir al paso con las armas de la misericordia y del amor ante las urgencias materiales, pero principalmente ante esa pobreza profunda que anida en tantos corazones”. 


“Si estamos acá es porque tenemos deseos de estar entre esos justos que reciben el abrazo de Dios como San Roque. Nadie da lo que no tiene, por tanto si queremos crecer en misericordia tenemos que agarrarnos con más fuerza de los sacramentos, de la oración, de la Virgen, de la intercesión de San Roque, para que nuestro corazón sea más de Dios”, subrayó.

El obispo de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña, monseñor Hugo Barbaro, presidió este martes la misa central y la procesión por las calles céntricas de la ciudad en honor de San Roque, patrono de la diócesis.  La Eucaristía fue concelebrada por el obispo emérito de la diócesis, monseñor José Lorenzo Sartori y sacerdotes de diferentes comunidades parroquiales.

Participaron de las celebraciones patronales el intendente de Presidencia Roque Sáenz Peña, contador Gerardo Cipolini, representantes de diferentes instituciones, fuerza de seguridad y abanderados y representantes de las colectividades.

La última misa, a las 19.30, fue presidida en el interior de la catedral por el obispo auxiliar de la diócesis, Monseñor Gustavo Montini, y las celebraciones patronales culminaron con un festival folclórico frente al templo.

Monseñor Barbaro aseguró que “cuando uno está cerca de Dios hace presente su misericordia y su amor y Dios obra de muy distintos modos en los demás”.

“Es misericordia y agrada a Dios que llevemos alimentos a un asilo, que colaboremos de algún modo material con los más necesitados que son muchos; pero es necesaria una actitud de misericordia de fondo que se vaya manifestando en las circunstancias que nos toca vivir cada día”, profundizó.

“El amor misericordioso sabe ponerse en el lugar de los demás, busca su bien y no provoca un tsunami en la vida de nadie. Es misericordia rezar por la gente, querer, ayudar, perdonar, comprender, descubrir las necesidades de los demás, empezando por las espirituales que son enormes y la gente tiene hambre y sed de esta ayuda tan importante para la vida”, agregó.

El prelado advirtió que “hay muchas necesidades materiales a nuestro alrededor, pero es mayor el hambre de amor, el hambre de sentir que uno es alguien para el prójimo, la sed de Dios” y, si bien reconoció que se hace mucho, consideró que se puede “hacer más para enseñar al que no sabe cómo es una vida buena, que valga la pena ser vivida, una vida feliz, cara a Dios”.

“¡Qué importante es rezar por los demás -como hacía aquel matrimonio solidario con los presos- y acercarnos con deseos de servir a ese prójimo que a veces tenemos a nuestro lado!”, exclamó, y recordó que el papa Francisco alza su voz para señalar que “detrás de las tantas urgencias materiales que existen en el mundo está la ausencia de Dios y por tanto el desinterés por los demás en tantas personas”.

“Tenemos que salir al paso con las armas de la misericordia y del amor ante las urgencias materiales, pero principalmente ante esa pobreza profunda que anida en tantos corazones”, agregó.

Monseñor Barbaro sostuvo que “hay mucha gente en búsqueda de sentido a sus vidas, en especial jóvenes, con sed de algo distintos a lo que el mundo ofrece. Hay mucho forastero, perdido en medio de la desorientación, con hambre de bien y de verdad, necesitados de una voz que los oriente”.

“Si estamos acá es porque tenemos deseos de estar entre esos justos que reciben el abrazo de Dios como San Roque. Nadie da lo que no tiene, por tanto si queremos crecer en misericordia tenemos que agarrarnos con más fuerza de los sacramentos, de la oración, de la Virgen, de la intercesión de San Roque, para que nuestro corazón sea más de Dios”, puntualizó.

“Nos ayudará preguntarnos cada día, ¿qué necesitan los que me rodean, los que me cruzo por el camino de la vida?; ¿qué puedo aportarles?; ¿hubo omisiones?”, sugirió, y aseguró: “A veces tendremos la alegría de poder brindar ayudas materiales; en otras ocasiones será la compañía al que sufre soledad, el consuelo, el cariño, y siempre la mirada hacia los que padecen des-orientación, pobreza en el espíritu”.

“No olvidemos que la misericordia exige entrega, sacrificio, dejar de lado todo egoísmo, todo lo que empaña el corazón y no sea de Dios. Es el camino que en sus circunstancias y tras una llamada especial de Dios transitó San Roque. Que el Santo Patrono nos ayude a crecer en misericordia y ser esos benditos que el Padre recibe en el Cielo para toda la eternidad”, concluyó.

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA

Vengan benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo.

Homilía de monseñor Hugo Nicolás Barbaro, obispo de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña en la solemnidad de San Roque(Catedral de San Roque 16 de agosto de 2016)

San Roque es uno de esos benditos de nuestro Padre Dios, y recibió la herencia del Cielo para toda la eternidad. Está bien cerca de nuestro Señor y Creador e intercede por nosotros, ayudando de modo especial a todas los de esta Diócesis a él confiada.

Podría haber llevado una vida sana pero tranquila, administrando sus bienes, disfrutando de lo que este mundo puede dar. Pero escuchó la voz del Señor que le pedía vender todo lo que poseía y poner su seguridad en Él y no en las cosas de este mundo. Vivía con los ojos puestos en Dios, en las cosas de Dios, y por tanto en el servicio a los demás. Llevó una vida de mucha oración, de mucha penitencia y sacrificio, unido a la Cruz de Cristo. Vivió de modo heroico la misericordia, especialmente con los enfermos a quienes asistía con cariño humano, y los acercaba a Dios porque lo llevaba muy dentro de su corazón. Vivió todas las obras de misericordia; al final de su vida, metido injustamente en una cárcel, también las ejerció con los presos, ¡cuántos habrán encontrado en sus palabras y acciones el consuelo de Dios y la luz del Evangelio!

Un corazón lleno de Dios como el de San Roque se expresa hacia fuera en misericordia para con los demás. Descubre el modo de ayudar humana y espiritualmente al prójimo, advierte sus necesidades, se acerca, se involucra. A veces brindará un servicio material necesario, pero siempre se ocupa de la persona, de darles la orientación, el consejo que necesitan, en lo humano y en lo espiritual.

Hace unos años, hubo un terrible tsunami en Japón, un terremoto en el mar que provocó olas de más de 40 metros que arrasaron pueblos costeros provocando cerca de 20.000 muertos. El Papa envió a un Cardenal para hacer presente en esa terrible catástrofe la ayuda material y espiritual de la Iglesia. En ese país los cristianos son una ínfima minoría, la mayoría son budistas o no tienen religión. Mucha gente vio por televisión al Cardenal rezando en el lugar y escuchó sus palabras de cariño y de consuelo. Después lo vieron rezando en silencio un largo rato junto al mar, y echar conmovido unos pétalos de flores como homenaje a los fallecidos. Un hombre budista le escribió contándole que había perdido a muchos de su familia y todos sus bienes materiales por lo que había decidido suicidarse. Al ver y escuchar al Cardenal experimentó que alguien lo quería, que alguien se interesaba por su dolor y lo comprendía; esto cambió su actitud, decidió seguir luchando y ayudar él también a quienes sufrían a causa de esa catástrofe.

Saquemos consecuencias: cuando uno está cerca de Dios hace presente su misericordia y su amor y Dios obra de muy distintos modos en los demás. Es misericordia y agrada a Dios que llevemos alimentos a un asilo, que colaboremos de algún modo material con los más necesitados que son muchos; pero es necesaria una actitud de misericordia de fondo que se vaya manifestando en las circunstancias que nos toca vivir cada día.

Un simple comentario puede estar teñido de misericordia o ser crítico, falto de amor y de comprensión y puede hacer mucho daño. El Papa llamó hace poco ‘terroristas’ a los que

arrojan bombas con comentarios que destruyen la convivencia, la paz en una familia, en un barrio y hasta en el mundo. El amor misericordioso sabe ponerse en el lugar de los demás, busca su bien y no provoca un tsunami en la vida de nadie. Es Misericordia rezar por la gente, querer, ayudar, perdonar, comprender, descubrir las necesidades de los demás, empezando por las espirituales que son enormes y la gente tiene hambre y sed de esta ayuda tan importante para la vida.

Hace unos años una señora me contó que siendo una esposa joven y con un buen número de hijos adolescentes y niños, decidió con su marido ofrecer a Dios el esfuerzo de colaborar en la atención de cárceles. Los sábados por la tarde se las arreglaba para dejar atendidos a los hijos, salían con su esposo rezando el Rosario para preparar el trabajo que iban a hacer, él la dejaba en una cárcel de mujeres que les quedaba bien lejos, y se iba a trabajar en una de varones. Ella se sumaba a un grupo de mujeres que colaboraban con el capellán; conversaban con las internas e impartían catequesis a las que querían. Cuando ya había dejado esa actividad, caminando por una avenida comercial la detuvo una mujer que llevaba de la mano a un chiquito y le dijo: Ud. no se acordará de mí; cuando estaba presa Ud. me buscaba todos los sábados, me escuchaba y me hablaba, me enseñó a rezar; yo estaba muy renegada y rebelde y Ud. me ayudó a pensar de otro modo y en otro tipo de vida. Salí de la cárcel decidida a no volver a lo mismo, me apoyé mucho en Dios, me costó un montón abrirme camino porque la gente desconfiaba de mi conversión. Trabajé, Dios puso en mi camino un hombre buenísimo, tengo un hogar feliz, este es uno de mis hijos y procuro educarlos para que sean muy buenos y para Dios, como Ud. me enseñó. Fue tan fuerte la emoción para la señora que acabaron abrazadas llorando las dos en medio de la gente que pasaba. Y me decía emocionada, todo el sacrificio de esos años valió la pena si solo esta mujer se encaminó en la vida, es feliz y está cerca de Dios.

Hay muchas necesidades materiales a nuestro alrededor, pero es mayor el hambre de amor, el hambre de sentir que uno es alguien para el prójimo, la sed de Dios. Hacemos mucho, pero podemos hacer más para enseñar al que no sabe cómo es una vida buena, que valga la pena ser vivida, una vida feliz, cara a Dios. ¡Qué importante es rezar por los demás -como hacía aquel matrimonio solidario con los presos- y acercarnos con deseos de servir a ese prójimo que a veces tenemos a nuestro lado!

La misericordia se expresa con todos y en todo momento. ¿Salís de tu egoísmo y mirás a tus hijos con verdadero interés, dispuesto a sacrificar todo proyecto personal? ¿Tenés ojos para los parientes, para los vecinos, dispuesto al esfuerzo personal, al sacrificio? ¡Cuántos abuelos atienden materialmente a los nietos y los ayudan a conocer y a amar a Dios!

El Papa Francisco ha alzado su voz para señalar que detrás de las tantas urgencias materiales que existen en el mundo está la ausencia de Dios y por tanto el desinterés por los demás en tantas personas. Tenemos que salir al paso con las armas de la misericordia y del amor ante las urgencias materiales, pero principalmente ante esa pobreza profunda que anida en tantos corazones.

Hay mucha gente en búsqueda de sentido a sus vidas, en especial jóvenes, con sed de algo distintos a lo que el mundo ofrece. Hay mucho forastero, perdido en medio de la desorientación, con hambre de bien y de verdad, necesitados de una voz que los oriente.

Hay muchos, jóvenes y adultos, con una desnudez que es terrible, la de la falta de recursos morales, de ideas sanas sobre lo que es bueno o malo, que les permitan caminar con acierto por esta vida. Corren el riesgo de ruina y tristeza, y de dañar también a los que están alrededor, a veces la propia familia, los propios hijos que sufren heridas difíciles de sanar.

Es una cárcel la falta de libertad de muchos al no poder elegir por ignorancia o debilidad lo que conduce a Dios y a la verdadera felicidad.

También el Papa habló de mirar a los ojos a quien nos pide una ayuda; no se refería a la simple materialidad de la mirada, sino al interés por la persona, que va más allá de un gesto que podría ser puro teatro. Sería una tontería quedarse en eso, incluso controlando cómo miran los demás al necesitado, y no purificar la actitud personal de fondo que es el interés sincero por los demás.

Si estamos acá es porque tenemos deseos de estar entre esos justos que reciben el abrazo de Dios como San Roque. Nadie da lo que no tiene, por tanto si queremos crecer en misericordia tenemos que agarrarnos con más fuerza de los Sacramentos, de la oración, de la Virgen, de la intercesión de San Roque, para que nuestro corazón sea más de Dios.

Nos ayudará preguntarnos cada día, ¿qué necesitan los que me rodean, los que me cruzo por el camino de la vida?; ¿que puedo aportarles?; ¿hubo omisiones? A veces tendremos la alegría de poder brindar ayudas materiales; en otras ocasiones será la compañía al que sufre soledad, el consuelo, el cariño, y siempre la mirada hacia los que padecen desorientación, pobreza en el espíritu.

No olvidemos que la misericordia exige entrega, sacrificio, dejar de lado todo egoísmo, todo lo que empaña el corazón y no sea de Dios. Es el camino que en sus circunstancias y tras una llamada especial de Dios transitó San Roque.

Que el Santo Patrono nos ayude a crecer en misericordia y ser esos benditos que el Padre recibe en el Cielo para toda la eternidad. Que así sea.
Mons. Hugo Nicolás Barbaro, Obispo de San Roque.

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