domingo, 20 de diciembre de 2015

ESCENARIO ECONÓMICO: ADVIERTEN QUE EL DÓLAR LIBRE PODRÍA ALCANZAR LOS 21 PESOS SI NO INGRESAN 13.000.000.000 MILLONES DE DÓLARES

Esto debería ocurrir antes de abrir el cepo no mediático. Si no es así, la Argentina ingresaría en un estancamiento con inflación al futuro tan temido, lo que impactaría de manera directa en los precios y salarios. El informe fue publicado en los sitios especializados en economía Fortuna Web e Infoeconomico.com



El sistema de “flotación sucia” implementado por el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, necesitará del ingreso de al menos U$S 13 mil millones si deciden comenzar a realizar pagos al exterior (que aún se encuentran frenados por el cepo) y no expandir la base monetaria, lo que debido a la inflación del año 2015, podría generar recesión por la falta de pesos en la economía.

El dinero circulante en la actualidad ronda los $ 540 mil millones, mientras que las reservas son de $ 25 mil. Del simple cálculo surge que el dólar “determinado por el mercado”, llamado “libre flotación” alcanzaría hoy el valor de $21,60 por cada dólar.

Para mantener el tipo de cambio actual, una vez permitidos los giros al exterior para pagos de importaciones, giro de utilidades y demás servicios del exterior, el BCRA debe tener en sus arcas al menos U$S 38 mil millones, U$S 13 mil millones más que lo que posee actualmente.

Se suma a este inconveniente la imperiosa necesidad de no ampliar el circulante de pesos, objetivo que intentaría alcanzar combinando la reducción del gasto público, suba de salarios en paritarias inferiores a la inflación y evitando el aumento de precios. Asimismo, en caso de lograr los objetivos antes mencionados, se podría entrar en un escenario de estancamiento con inflación.

El cepo mediático ya se abrió, ardua tarea espera al equipo económico antes de liberar el cepo real.
Mientras tanto, el 80% de los empresarios pasa la devaluación a precios. Según un sondeo, la mayoría de las firmas tomaba hasta ahora como referencia el dólar oficial y no el contado con liqui, como cree Prat-Gay.

En rigor, un 50% de los ejecutivos asegura que traspasará en parte el ajuste del tipo de cambio, del orden del 40% sobre el oficial de 9,70 del miércoles último. En tanto, un 30% indica que aplicará íntegramente el aumento del precio del dólar a su cadena de producción.

Esta respuesta, que choca con la perspectiva del equipo económico, surge además de otra realidad: el 70% de los encuestados venía trabajando como referencia para sus precios con el dólar oficial y no con el contado con liquidación, por razones contables y de las normas que rigen a las empresas multinacionales. Sólo un 13% de los consultados dijo haber venido siguiendo el contado con liqui, y un 7% el paralelo, que antes de abrir el cepo venía rozando los $ 15. Hasta el viernes, 48 horas después de eliminarse las restricciones a la compra de dólares, pero aún con pocas operaciones, el nuevo dólar cotizó a $ 13,60. Lo que sí queda claro en el relevamiento es que todos los focos están puestos en el dólar y los salarios.

El 36% de los hombres de negocios consultados asegura que lo que más influye en los costos son los reclamos salariales, con el ejemplo del pedido de un bono de fin de año como uno de los casos más mencionados por los encuestados. Un 34%, en tanto, señala que el mayor impacto en los costos viene por la devaluación, mientras que un 28% señaló cambios en los precios de las materias primas como uno de los factores decisivos en la estructura de su negocio.

El sondeo fue realizado entre los socios de Vistage por correo electrónico luego del anuncio del levantamiento del cepo que derivó en la unificación cambiaria y cristalizó un aumento del dólar en las pizarras. Respondieron referentes de unos dieciséis sectores económicos, en un 80% dependientes de insumos importados en algún tramo de su negocio.

La inflación se aceleró a fines de 2015.
Pese a que noviembre es uno de los meses del año que menor presión inflacionaria suele presentar (baja estacionalidad), los precios de los bienes y servicios mostraron importantes aumentos el mes pasado. El IPC Ecolatina subió 2,6% en noviembre de 2015, 0,7 p.p. por encima del promedio de los primeros diez meses del año (+1,9%).

El alza estuvo liderada por el capítulo Alimentos y bebidas, que trepó casi 3% durante el mes. Vale destacar que algunos productos del rubro llegaron a evidenciar alzas incluso superiores al 20% mensual. Por caso, dentro de los productos lácteos, que registraron aumentos promedio de 4,2%, un litro de yogur de primera marca trepó 20,4%.

De manera análoga, la carne vacuna subió casi 5% promedio en noviembre. Destacan las fuertes alzas en el kilo de colita de cuadril (pasó de $ 148 en octubre a $ 170 en noviembre, 15% más caro), y el kilo de lomo (subió de $ 173 a $ 194, alza mensual de 12%).

No es casual que estos aumentos hayan tenido lugar tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Es que a lo largo del año el gobierno monitoreó de cerca la evolución de los precios, pero luego de los comicios los controles se relajaron. Aunque con un impacto más acotado, ello coincidió con el aumento de las restricciones a importadores, lo cual no sólo redujo la oferta de bienes sino que llevó a mayores empresas a utilizar el contado con liquidación como medio de pago, trasladando parte del diferencial cambiario a sus precios.

Pero la mayor inflación no debe vincularse únicamente a la administración anterior ya que las expectativas sobre las próximas medidas del actual gobierno jugaron un papel clave sobre los aumentos de precios. La anunciada unificación cambiaria llevó a los productores/empresarios a anticipar posibles ajustes en sus costos transables. Además, la eliminación de cupos de exportación y reducción de retenciones informada tiene un impacto adicional sobre los precios.

Más allá de los casos mencionados anteriormente, no hay dudas que el nivel de precios de la economía no incorporó totalmente el valor del tipo de cambio esperado y todavía depende del valor actual del dólar. En este sentido, no parece adecuado discutir acerca de la existencia de traspaso de una suba del tipo de cambio nominal a los precios, sino su magnitud (tanto directa como también indirecta a partir de la dinámica salarial).

Un shock cambiario implica un incremento directo en los costos de bienes y servicios transables de las empresas, las cuales trasfieren en mayor medida a sus precios de venta. A la vez, la incertidumbre acerca de la evolución futura del precio del dólar eleva el posible costo de reposición de dichos productos, lo cual puede potenciar aún más el aumento de precios. De esta manera, la inflación, que culminará 2015 en torno de 27%, podría rápidamente acelerarse a valores cercanos al 40% durante el primer semestre del año que viene si se produce un salto cambiario.

Pero una parte del pass through (es decir, el traspaso de la devaluación a precios) se negociará en el ámbito de los próximos convenios salariales. El hecho de que estos transcurran en un contexto de fuerte aceleración inflacionaria pone en una disyuntiva a sindicatos, empresarios y el gobierno, ya que si estos se negocian en función del repunte inflacionario post ajuste cambiario, puede llevar a incrementos nominales muy elevados, llevando a las variaciones de precios a niveles preocupantes y difíciles de reducir.

Un elemento relevante en la determinación de la inflación local es la trayectoria del precio internacional de los commodities. Al igual que 2009, durante 2015 estos cayeron considerablemente, lo cual generó un impacto positivo en la estructura de costos de las empresas (implicó una reducción en el precio de sus insumos importados en dólares) y, por lo tanto, en la inflación del periodo.
Para 2016 se espera que los precios de los principales commodities continúen cayendo, pero a un ritmo significativamente menor al que lo hicieron durante 2015. De esta manera, la inflación local perderá, al menos parcialmente, el freno internacional con el que contó durante este año.

Asimismo, aun cuando los precios internacionales mantengan su tendencia a la baja, la reducción en las retenciones sumado al desarme de las restricciones a las exportaciones podrían generar aumentos en productos transables sensibles dentro de la canasta de consumo de los hogares, como es el caso del trigo (impactaría en panificados) y carnes.

Los riesgos inflacionarios sin un plan económico consistente.
En un contexto de elevada inercia inflacionaria y una economía altamente indexada al tipo de cambio, es sumamente necesario incorporar una política fiscal y monetaria consistente con un acuerdo tripartito de modo de evitar un desborde de los precios en el caso de que tenga lugar un salto del dólar oficial.

Sin embargo, dado que el “éxito” de esta política económica tiene un fuerte componente de coordinación y negociación de las partes, el escenario presenta elevados riesgos intrínsecos. En un contexto de aparente fragilidad política, existe la posibilidad de que los sindicatos no acepten una contracción en su salario real y negocien paritarias por encima de 40%.

En este marco, la competitividad cambiaria obtenida por la devaluación se perdería en poco tiempo, forzando al equipo económico a implementar un segundo salto cambiario que podría desatar una carrera nominal entre precios, salarios y tipo de cambio, difícil de frenar sin elevados costos sobre la actividad económica y el ingreso real de las familias.

Dadas estas consideraciones, el cuándo y el cómo del levantamiento del cepo cambiario anunciado serán clave. Si se remueven las restricciones antes de conseguir un abultado financiamiento externo, podría producirse un salto del tipo de cambio superior al esperado que, aun cuando bajara en los meses siguientes (overshooting), generaría una mayor aceleración de la inflación.

FUENTES Y FOTOS: Fortuna Web - Infoeconomico.com

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