La suma fija, excepcional y no remunerativa, fue oficializada tras la convocatoria conjunta de las cinco fuerzas de seguridad por el deterioro de sus ingresos y denuncias de sueldos por debajo de la línea de pobreza.
El Gobierno nacional oficializó una suma fija extraordinaria para el personal de las fuerzas federales en medio de la convocatoria a una protesta conjunta por reclamos salariales, un hecho inédito que expuso el nivel de malestar dentro de las instituciones encargadas de la seguridad interior.
La medida fue publicada en el Boletín Oficial mediante el Decreto 216/2026 del Ministerio de Seguridad Nacional, que encabeza Alejandra Monteoliva, y establece el pago de montos adicionales, no remunerativos y por única vez, para efectivos de la Policía Federal, Gendarmería, Prefectura, Policía de Seguridad Aeroportuaria y Servicio Penitenciario Federal.
El decreto señala que el objetivo es “impactar positiva y directamente en la capacidad adquisitiva” del personal. Sin embargo, la decisión se conoció inmediatamente después de que trascendiera la organización de una movilización conjunta de las cinco fuerzas, prevista como un abrazo simbólico en el Edificio Centinela de Retiro, en reclamo por la pérdida de poder adquisitivo y las condiciones salariales.
Montos diferenciados y alcance limitado
Según el anexo oficial, los montos de la suma fija varían según el grado y pueden alcanzar hasta $300.000 para los rangos operativos y suboficiales, mientras que las jerarquías superiores perciben cifras menores o directamente no están alcanzadas por el beneficio.
La medida también incluye un pago general de $40.000 para el personal en actividad, que se abonará junto con los haberes de abril. Al tratarse de una suma no remunerativa y no bonificable, el bono no se incorpora al salario básico ni impacta en el cálculo de adicionales o jubilaciones, lo que limita su efecto en la estructura de ingresos a largo plazo.
Fuerzas federales: Una protesta sin precedentes
La convocatoria a la movilización conjunta de las cinco fuerzas federales marcó un punto de inflexión en la relación entre el Estado y sus propias estructuras de seguridad. Prefectura, Gendarmería, Policía Federal, Policía de Seguridad Aeroportuaria y Servicio Penitenciario Federal no cuentan con derecho a sindicalización ni a huelga, por lo que la protesta representó un canal inusual para expresar reclamos laborales.
El principal eje de la convocatoria fue el deterioro salarial acumulado en los últimos meses, con denuncias de efectivos que aseguran percibir ingresos por debajo de la línea de pobreza y la necesidad de recurrir a trabajos adicionales para completar sus ingresos.
Una respuesta para descomprimir la tensión
La secuencia de los hechos —primero la convocatoria a la protesta y luego la oficialización del bono— dejó en evidencia el carácter reactivo de la decisión oficial. El Gobierno evitó abrir una discusión estructural sobre las escalas salariales y optó por una herramienta de aplicación inmediata y transitoria.
Este mecanismo ya había sido utilizado en otras áreas del Estado: pagos extraordinarios para descomprimir conflictos sin modificar de manera permanente el gasto salarial. En el caso de las fuerzas federales, la estrategia busca desactivar una protesta que, por su carácter inédito y la naturaleza de los actores involucrados, tiene el potencial de convertirse en una imagen políticamente sensible para la administración nacional.
La medida permitió al Ejecutivo mostrar una respuesta rápida frente al reclamo, pero dejó sin resolver el trasfondo del conflicto: la pérdida sostenida del poder adquisitivo en un sector que, por su rol institucional, carece de mecanismos formales de negociación colectiva y cuya protesta pública implica siempre un riesgo político adicional para cualquier gobierno.
Fuente y fotos: Mundo Gremial




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