Asegura que el préstamo que negocia con el Banco Mundial por U$S 2.000 millones "no se trata de nueva deuda" y que la economía argentina está fuerte ante los fenómenos mundiales. Ni el FMI le cree, que recortó las previsiones de crecimiento y subió las de inflación. Sostenida con el respirador artificial de Trump, la actividad económica no repunta y se pierden empleos.
Luis Caputo está nuevamente de gira en Washington buscando nuevo financiamiento en dólares para afrontar vencimientos de deuda con fondos privados por U$S 4.300 millones en julio. La historia de nunca acabar: más deuda para pagar deuda vieja. El ministro de Economía asegura que el préstamo que negocia con el Banco Mundial por U$S 2.000 millones "no se trata de nueva deuda" y que la economía argentina está fuerte ante los fenómenos mundiales.
Este viernes el ministro se reuniría también con Kristalina Georgieva -directora gerente del FMI- y con el titular del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Illan Goldfajn, para solicitar una "garantía" de 500 millones de dólares, también para pagar la deuda privada que vence en julio. El ministro asegura que la economía argentina va muy bien, pero ni el FMI le cree, que a pesar de habilitar un nuevo desembolso de U$S 1.000 millones (en el marco del último programa con Milei por U$S 20.000 millones) felicitándolo por los ajustes y la Reforma Laboral, recortó las previsiones de crecimiento y subió las de inflación para 2026.
Este jueves, Luis Caputo dijo desde Estados Unidos que el "auxilio financiero" o "garantía": "No es nueva deuda, sino que es para refinanciar los vencimientos de capital". Le llamen como le llamen, se trata de otro préstamo, la única política económica clara de la gestión del ministro: endeudar al país en dólares.
El acuerdo con el Banco Mundial consiste en una "garantía" de hasta U$S 2.000 millones para asistir a la Argentina en el refinanciamiento de su deuda externa. Caputo explicó por qué se endeuda con el Banco Mundial y no con los privados: "Venimos trabajando hace mucho en financiamientos alternativos que son más accesibles en tasa, más baratos que el mercado. ¿Por qué no salimos al mercado? Porque es nuestra obligación refinanciar al país a la tasa más baja posible. Y esta tasa es mucho más baja de lo que hoy Argentina puede obtener en el mercado", sostuvo el ministro.
Lo que no explica es por qué hay que seguir endeudando al país. A pesar del superávit comercial récord, a pesar de que en sus propios términos hay superávit en el Estado (fiscal), no se generan los recursos suficientes para afrontar los voluminosos vencimientos de deuda, que vienen desde su propia gestión: durante el gobierno de Mauricio Macri. Y cuya deuda se ha validado y renegociado una y otra vez durante el gobierno de Alberto Fernández e incrementado con Milei y el nuevo préstamo con el FMI. La deuda no sólo es ilegítima y odiosa, sino impagable.
En cuanto a la tasa de interés a la que se cerrará la operación, el funcionario argentino estimó que será de entre 5,5% y 6,5% anual a un plazo de seis años, aunque reconoció que las negociaciones todavía están abiertas sobre este punto. Muy baja la tasa al final no era.
Además, está buscando más financiamiento del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), porque tiene que juntar U$S 4.300 millones para honrar la deuda con los fondos privados externos.
Sin embargo, se mostró confiado, cual "comprá campeón". Respecto al cronograma de vencimientos de julio, dijo que "de los U$S 4.300 que vencen cada 6 meses, de capital son unos U$S 3.000 millones, que es lo que queremos refinanciar. Pagamos intereses, unos U$S 1.300 millones, con el superávit primario”. Pero el superávit fiscal, que es un ajuste brutal sobre la clase trabajadora, es en pesos. Mientras que la deuda externa se paga en divisas.
Entonces, agregó: "Además, tenemos un programa de licitaciones locales de un total de U$S 4.000 millones (bonos 2027 y 2028). Este programa nuevo aportará U$S 3000 o 4.000 millones más. Un total de U$S 8.000 millones para pagar los U$S 3.000 millones de julio, otros U$S 3.000 millones de enero y sobran U$S 2.000 millones para otros pagos eventuales”, enumeró.
Durante un encuentro organizado por Atlantic Council que compartió junto al titular del Banco Central, Santiago Bausili, Caputo reafirmó que su programa es reducir impuestos y regulaciones. No aclaró a quiénes: a los ricos y grandes empresarios. Las familias trabajadoras no vieron reducida ni una carga, por el contrario, pagan tarifas cada vez más caras y los servicios empeoran.
A su vez, Caputo descartó que buscará devaluar la moneda (para conseguir más dólares, a costa de subir la inflación) y dijo que la competitividad se logrará mediante mejoras en la infraestructura y baja de costos, "no a través de megadevaluaciones". El ministro no logra explicar por qué la inversión está hundida, y aún a pesar de bajar tasas de interés y encajes para buscar incentivar el crédito, aún de darle una reforma laboral esclavista a los empresarios, de garantizar el RIGI para los extractivistas, y un sin fin de beneficios a los grandes grupos económicos, la economía no arranca y no hay inversión. ¿Será que la gente no tiene dinero, cae el consumo, y las ventas están en picada?
Por si faltaba poco, la canchereada de Caputo incluyó una supuesta "posición de fortaleza" de la Argentina ante la guerra de EEUU. e Israel frente a Irán, debido al "superávit fiscal" y por ser "exportador neto de petróleo".
Finalmente, el discurso se coronó de la venta de las bondades de nuestros recursos naturales: "Contamos con prácticamente todo lo que el mundo necesita hoy: petróleo, gas natural, alimentos, minerales críticos, incluso inteligencia artificial". ¿Incluso inteligencia artificial? El ministro no sabe qué hacer para buscar más fondos. El FMI ya le concedió un préstamo, Trump salió a su rescate, pero los dólares siguen faltando.
Fuente y fotos: La Izquierda Diario
