La CEPAL recogió proyecciones que anticipan un fenómeno de gran intensidad hasta diciembre; el norte argentino podría registrar lluvias superiores a lo habitual, con riesgo de inundaciones y consecuencias para la actividad productiva.
La posibilidad de un Súper Niño de magnitud histórica encendió las advertencias sobre sus consecuencias para la producción agropecuaria de América Latina, incluida la Argentina. Un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) considera estimaciones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) que sitúan por encima del 90% la probabilidad de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte y en el 75% la posibilidad de que adquiera una magnitud histórica hasta diciembre de este año, con potenciales efectos sobre las precipitaciones, la producción agrícola, la infraestructura y los precios internacionales de los alimentos.Para la Argentina, el organismo identificó especialmente al norte del país entre las regiones donde El Niño suele provocar lluvias significativamente superiores a los promedios normales, una situación que incrementa el riesgo de inundaciones fluviales. Si bien la mayor disponibilidad de agua puede favorecer el desarrollo de los cultivos en determinadas regiones, indicó el informe, los excesos hídricos también representan una amenaza para la actividad agrícola, particularmente cuando dificultan las tareas de siembra, afectan los lotes o comprometen la circulación por los caminos rurales.“Existe el riesgo de inundaciones que podrían afectar a la misma actividad agrícola y también las infraestructuras necesarias para el comercio”, precisó la entidad. En su reconstrucción histórica, la CEPAL recordó los episodios extremos de El Niño de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016, además del fenómeno fuerte registrado entre 2023 y 2024. Y ubica al episodio de 2026 entre los fenómenos potencialmente más intensos de las últimas décadas.
La CEPAL es un organismo regional de las Naciones Unidas, creado en 1948, cuya misión es contribuir al desarrollo económico y social de los países de la región. Con sede en Santiago de Chile, elabora estudios, estadísticas, informes y recomendaciones sobre crecimiento económico, comercio internacional, producción, empleo, pobreza y cambio climático.
En su informe señaló que los antecedentes muestran la dimensión económica que pueden alcanzar estos eventos climáticos. Recordó que el fenómeno de 1997-1998 también dejó consecuencias económicas de gran magnitud. Según investigaciones internacionales citadas por la CEPAL, las pérdidas de ingresos a escala mundial asociadas con aquel episodio se estimaron entre US$2,1 billones y US$5,7 billones.
El organismo explicó que una de las particularidades de estos fenómenos es que sus consecuencias económicas pueden prolongarse durante varios años. Algunas investigaciones identifican efectos persistentes durante tres años, mientras que otras los extienden hasta cinco. La CEPAL señala que El Niño modifica las condiciones de producción mediante cambios en las precipitaciones, las temperaturas y la disponibilidad de agua.
El organismo advirtió que sus efectos son heterogéneos: “Mientras determinadas regiones pueden experimentar pérdidas de rendimiento por sequías o excesos de precipitaciones, otras pueden beneficiarse de condiciones climáticas más favorables”.
Para el agro argentino destacó que un “escenario de mayores lluvias no implica necesariamente pérdidas generalizadas de producción, porque sus consecuencias dependerán de la distribución geográfica de las precipitaciones, del estado de los suelos y del momento del ciclo de los cultivos”.
Si bien indicó que por ahora el fenómeno no presenta estimaciones específicas sobre posibles reducciones de rendimiento de soja, maíz o trigo en la Argentina durante la campaña 2026/2027, advirtió que los efectos del fenómeno pueden trascender las fronteras de los países afectados y trasladarse a los mercados internacionales de alimentos.
Según las proyecciones del informe, “el trigo duro podría registrar un incremento importante de precios, seguido por el maíz, mientras que la soja y el trigo rojo podrían experimentar bajas”. En el caso del arroz, el escenario sería diferente, según indicaron, con una reducción inicial de las cotizaciones seguida de una recuperación posterior. El documento reconoce que “estas previsiones todavía presentan un grado considerable de incertidumbre”.
Además, puntualizó que la exposición de las actividades agropecuarias a los fenómenos climáticos plantea interrogantes sobre las posibles consecuencias de precipitaciones extraordinarias para la producción, el transporte y la comercialización de granos.
Fuente y fotos: La Nación



