Bancos profundizan el cierre de sucursales por el aumento de la mora y la caída del crédito. El ajuste del sistema financiero se acelera en todo el país, impulsado por el deterioro en el cobro de préstamos y por cambios en los hábitos de los usuarios.
En un escenario económico cada vez más exigente, los bancos en la Argentina avanzan con el cierre de sucursales y la reducción de estructuras, en respuesta a la combinación de menor demanda de crédito y un marcado aumento en la incobrabilidad.
El proceso, que ya venía gestándose por la digitalización de servicios, se profundizó en 2026 ante el deterioro de la calidad crediticia, que impacta de lleno en la rentabilidad del sector. Según datos recientes, la mora del crédito al sector privado alcanzó el 6,4% en enero, con niveles particularmente elevados en los hogares: 13,2% en préstamos personales y 11% en tarjetas de crédito, registros que no se observaban en casi dos décadas.
Este escenario obliga a las entidades a reforzar previsiones y ajustar costos. “La presión sobre los balances es cada vez mayor”, admiten en el sector, donde el aumento de incumplimientos también alcanza al segmento empresarial, con subas significativas en rubros como hotelería, agroindustria y pesca.
En paralelo, el crédito en pesos perdió dinamismo, lo que reduce aún más el margen de negocios. Así, el combo de menos préstamos y más mora se convirtió en un factor central para explicar el ajuste en marcha.
Una de las expresiones más visibles de este proceso es el cierre de sucursales. La red bancaria pasó de 4414 sedes en 2023 a 4131 hacia fines de 2025, consolidando una tendencia que se aceleró en el último año. Si bien la digitalización explica parte del fenómeno —hoy cerca del 90% de las operaciones se realizan de manera online—, en el sector reconocen que la necesidad de reducir costos se volvió determinante.
A esto se suman otros factores, como el incremento de tasas municipales y mayores exigencias regulatorias, que obligan a inmovilizar liquidez y absorber pérdidas, en un contexto todavía atravesado por la volatilidad financiera.
El impacto también alcanza al empleo. En los últimos dos años, se perdieron más de 7600 puestos de trabajo en la actividad, lo que encendió alertas en el gremio bancario, que denunció presiones para avanzar con desvinculaciones, incluso bajo esquemas de retiros voluntarios.
En términos de rentabilidad, el panorama es aún más ajustado. Los gastos en previsiones por incobrabilidad ya consumen más del 75% del resultado neto, reflejando el peso creciente del deterioro crediticio en los balances.
De este modo, el sistema financiero atraviesa una etapa de transformación estructural, donde convergen la digitalización, la presión de costos y las dificultades de la economía real. En ese marco, el cierre de sucursales aparece como una consecuencia visible de un cambio más profundo que, al menos en el corto plazo, no muestra señales de desaceleración.
Fuente y fotos: La Gaceta - Los Primeros.Tv

