La Federación Porcina afirma que la carne de cerdo cuesta un tercio que la de vaca.
La diferencia de precios al público entre la carne vacuna y la carne de cerdo se amplió en los últimos meses, indicó la Federación Porcina.
La diferencia de precios al público entre la carne vacuna y la carne de cerdo se amplió en los últimos meses. Y está generando un cambio visible en las decisiones de consumo de los hogares argentinos. Así lo indicó un relevamiento de la Federación Porcina Argentina (FPA), que conduce Daniel Fenoglio. El mismo señalo que con valores que permiten cuidar mucho más el presupuesto familiar, la proteína porcina se posiciona como una alternativa cada vez más elegida. Y la brecha podría seguir ampliándose en el corto plazo. Según relevamientos del sector, hoy en algunos cortes el dinero necesario para comprar un kilo de carne vacuna permite adquirir entre 2,5 y casi 3 kilos de carne de cerdo.
El fenómeno ocurre en un contexto de ingresos ajustados y de transformaciones en el mercado de carnes. Mientras el consumo de carne vacuna muestra oscilaciones, el cerdo viene consolidando un crecimiento sostenido por su precio.
El relevamiento de Federación Porcina en carnicerías refleja con claridad la brecha actual entre ambas carnes. El asado de carne vacuna ronda los $ 18.000 por kilo, mientras que el pechito de cerdo se consigue alrededor de $ 6.700. En términos concretos, por el valor de un kilo de asado es posible comprar casi 2,7 kilos de pechito porcino.
La diferencia se mantiene también en otros cortes tradicionales de alto consumo. La nalga vacuna promedia los $ 20.000 por kilo, mientras que la nalga de cerdo se ubica cerca de $ 6.900. Esto implica que por cada kilo de carne vacuna se pueden adquirir casi 3 kilos de su equivalente porcino.
Algo similar ocurre con la bola de lomo. Mientras el corte bovino se ubica alrededor de $ 18.000 por kilo, la versión porcina se comercializa también cerca de $ 6.900. En este caso, el consumidor puede comprar casi tres kilos de carne de cerdo por el precio de uno de vaca.
La comparación también se observa en cortes de parrilla. El bife angosto vacuno llega a $ 19.900, mientras que el carré con hueso de cerdo se vende a unos $ 5.700, lo que implica un valor más de tres veces menor. Incluso en el segmento de cortes premium la diferencia se mantiene significativa. El lomo vacuno ronda los $ 25.000 por kilo, mientras que el solomillo de cerdo se consigue cerca de $ 12.000.
La tendencia se repite en supermercados. Allí el asado vacuno se ubica alrededor de $ 16.000 por kilo, frente a $ 7.132 del pechito de cerdo. La nalga vacuna alcanza los $ 18.500, mientras que el corte porcino ronda los $ 9.999. En cortes como la bola de lomo o la cuadrada, los valores de la carne vacuna se ubican cerca de $ 17.800, mientras que sus equivalentes porcinos se comercializan en torno a $ 9.999.
Aunque en el canal supermercadista la diferencia porcentual es algo menor que en carnicerías, el resultado sigue siendo contundente. En cortes como pechito o costillitas el dinero destinado a un kilo de carne vacuna permite comprar casi 2,5 kilos de cerdo. En piezas como la nalga o la bola de lomo, la relación se acerca a tres kilos de carne porcina por cada kilo bovino.
Cambio de hábitos en la dieta
Este escenario está impulsando un cambio progresivo en los hábitos de consumo, destacó la Federación Porcina. La carne de cerdo aparece como el principal recurso para sostener el volumen de proteína animal en la dieta sin aumentar el gasto familiar. En ese contexto, el consumidor busca alternativas que permitan mantener la presencia de carne en la mesa sin que el presupuesto mensual se dispare. La relación de precios se vuelve así un factor decisivo en la elección.
Los datos oficiales acompañan esta tendencia. Según información de la Secretaría de Agricultura, el consumo de carne porcina alcanzó recientemente un récord histórico en Argentina. Y fue el principal motor del crecimiento del consumo total de proteína animal en el país. El informe señala que el consumo per cápita de cerdo volvió a marcar un máximo y que su participación dentro del total de carnes viene creciendo de manera sostenida durante los últimos años.
De acuerdo con ese relevamiento, mientras el consumo de carne vacuna registró variaciones y el de pollo se mantuvo relativamente estable, el cerdo fue el que más contribuyó a expandir el consumo total de proteína animal.
El crecimiento del consumo también se explica por transformaciones estructurales dentro de la cadena porcina. En las últimas décadas el sector realizó inversiones en genética, sanidad y alimentación animal, lo que permitió mejorar de manera significativa la calidad del producto final. Como resultado, hoy se obtienen carnes más magras que en el pasado y con perfiles nutricionales competitivos frente a otras proteínas animales.
La carne de cerdo aporta proteínas de alto valor biológico, vitaminas del complejo B, especialmente B1, y minerales como hierro y zinc. Además, su grasa intramuscular presenta un perfil considerado saludable. Cerca del 45% corresponde a Omega 9, el mismo tipo de ácido graso presente en alimentos como el aceite de oliva y las paltas.
A estos atributos nutricionales se suman ventajas prácticas en la cocina. La carne porcina admite preparaciones rápidas y sencillas, desde bifes a la plancha que se cocinan en pocos minutos hasta salteados para wok, cortes al horno o piezas pensadas para la parrilla. En muchos casos, además, presenta menor merma durante la cocción, lo que mejora el rendimiento real por kilo comprado.
La oferta también se amplió con la incorporación de nuevos productos frescos y elaborados. Hoy es habitual encontrar milanesas, hamburguesas, cortes marinados o piezas listas para cocinar. Lo que facilitó su incorporación en hogares donde históricamente predominaba la carne vacuna.
Un escenario que puede profundizarse
El mercado internacional también podría influir en la evolución de los precios. El nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos prevé ampliar el cupo exportador de cortes bovinos de alto valor. Lo que podría reducir la oferta disponible en el mercado interno para determinados productos. Si ese proceso se consolida, la presión sobre los precios de la carne vacuna podría intensificarse y ampliar aún más la brecha con la carne de cerdo.
De ocurrir ese escenario, la tendencia que hoy se observa en las góndolas y carnicerías podría reforzarse todavía más, consolidando al cerdo como una de las proteínas con mayor crecimiento en el consumo de los hogares argentinos.
Fuente y fotos: Mundo Gremial

