A 25 años del estallido económico de 2001, el trueque vuelve a crecer como alternativa de subsistencia en Posadas.
La iniciativa del "trueque" surgió entre vecinos de Villa Cabello y propone intercambiar ropa y calzado por alimentos. La convocatoria se difundió en redes y crece el interés por participar.
Lo que empezó como una charla entre mates terminó tomando forma en una escena que mezcló necesidad, ingenio y comunidad: mantas desplegadas sobre el pasto, bolsas cargadas de ropa, alimentos caseros exhibidos con carteles improvisados y vecinos que iban y venían buscando cerrar algún intercambio. El “gran trueque vecinal” en Villa Cabello no solo se viralizó en redes, sino que logró materializarse con una convocatoria que, según los propios organizadores, superó ampliamente lo esperado.
“Nosotros empezamos charlando con mi vecina, un día tomando mate, sobre la situación económica que todos están atravesando, no solo nosotros”, contó Viviana Camacho, una de las impulsoras de la iniciativa. La idea surgió casi sin planificación, pero con una necesidad clara detrás: “Le dije, ¿por qué no hacemos un trueque, una feria, algo acá atrás? Tenemos una hermosa plaza”. La respuesta fue inmediata y el entusiasmo también. “Al otro día ya nos movimos, averiguamos y cuando nos dieron el ok armamos un grupo para ver si la gente apoyaba”.
El crecimiento fue rápido y, para ellas, inesperado. “Empezamos con 15 personas y ahora ya hay más de 100 y pico. A la gente le gustó la idea”, relató. En ese grupo se definieron las reglas de juego: accesibilidad, flexibilidad y sentido comunitario. “La idea era que cada uno cobre como quiera, con mercadería, con plata, lo que sea, pero que no sea algo caro. Que sea accesible. Todo es ayuda”, explicó. Así, una remera podía cambiarse por 4.000 pesos, un paquete de fideos o arroz, o incluso por otro producto necesario.
Ya en la plaza, el movimiento fue constante, aunque condicionado por el calor de la siesta. Aun así, el flujo de gente no se detuvo. “Ahora vienen de a poco por el tema del sol, pero están viniendo. Van preguntando en el grupo y se acercan”, describió Camacho. La escena mostraba intercambios de todo tipo: ropa por alimentos, calzado por comida casera, e incluso productos elaborados por los propios vecinos. “Hay quienes trajeron milanesas, yo tengo ensalada de fruta, y así se va dando”, contó.
Un dato que sorprendió incluso a los organizadores fue la cantidad de personas que llegaron desde otros barrios. “La mayoría de los que están acá son de otros lados. Hay vecinos también, pero vino mucha gente de afuera”, señaló. En parte, la elección del día también tuvo una lógica estratégica: “Lo hicimos viernes porque el sábado está la feria. Entonces a algunos les sirve cambiar por mercadería y a otros llevarse ropa para vender después. Ganan los dos”.
Entre quienes participaron, las historias se repetían con matices similares: la necesidad de ajustar el bolsillo, pero también de no dejar cosas sin uso en la casa. Benjamín Solís fue uno de los que llegó con una bolsa variada: ropa de bebé, zapatillas y algunas prendas de adultos. “Trajimos un surtido de todo un poco, pero lo que más se mueve es la ropita de bebé”, explicó. En su caso, el intercambio ya había dado resultados: “Cambiamos por alimentos, que es más que nada por lo que venimos, para la casa”.
El crecimiento rápido de los chicos es, en muchos casos, uno de los motores de este tipo de espacios. “Las ropitas van quedando y para no tenerlas guardadas, hacemos esto. Hay gente que lo necesita y así también ayudamos”, señaló. La lógica es simple pero efectiva: lo que a uno ya no le sirve, para otro puede ser urgente.
En la misma línea, Ariana también se sumó con ropa propia, de su pareja y de su hijo. “Hicimos un grupo entre vecinos para trueques y ventas, y nos animamos a venir a compartir”, contó. Durante la jornada, logró vender e intercambiar algunas prendas, pero destacó sobre todo el sentido de la propuesta. “A todos les sirve algo que por ahí a vos no te sirve. Entonces está bueno poder cambiar”.
Más allá del movimiento puntual, lo que se respiraba en la plaza era una respuesta colectiva frente a una situación económica que golpea fuerte en lo cotidiano. “Muchos están pasando mal, no llegan, no tienen, no pueden”, expresó Camacho, en un diagnóstico que se repite en cada conversación. En ese contexto, el trueque aparece como una alternativa concreta, pero también como un espacio de encuentro.
Otro rasgo que se hizo visible durante la jornada fue la fuerte presencia de mujeres. “Fijáte que la mayoría son mujeres”, remarcó la organizadora, y valoró ese protagonismo: “Es lindo ver cómo ayudan en sus casas, cómo salen de sus comodidades para hacer algo así”.
La escena, además, remite a otras épocas no tan lejanas. “Hace mucho que no se escuchaba del trueque, pero en otros tiempos mucha gente salió adelante así”, recordó Camacho. Incluso apeló a su propia experiencia: “Yo andaba con mis chicos y conseguías de todo: hasta tortas de cumpleaños o bicicletas. ¿Y por qué no ahora?”.
En Villa Cabello, esa primera experiencia dejó algo más que intercambios: abrió la puerta a una posible continuidad. Según contó Camacho, la intención es sostener la propuesta en el tiempo si la respuesta de los vecinos se mantiene. La idea es repetir el trueque los viernes y consolidarlo como un espacio fijo de encuentro e intercambio. Entre charlas, acuerdos improvisados y colaboración, el objetivo ahora es que la iniciativa crezca y se afiance, manteniendo ese espíritu comunitario que permitió que, en su debut, la convocatoria ya mostrara señales de éxito.
Fuente y fotos: Misiones Online

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